El programa de voluntariado de la Universidad de Cádiz sirvió para que la joven zaragozana Marina Calero, de 21 años de edad, Estudiante de Educación Infantil en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Educación, conociera SoloSurf. Marina cursa este año en Cádiz gracias al Sistema de Intercambio entre Centros Universitarios Españoles (Sicue) y quedó cautivada por la actividad de SoloSurf, considerando que es una "oportunidad" ya que puede "unir deporte y compromiso social".
"Buscaba algo que me permitiera mantenerme activa físicamente, pero que tuviera un propósito real. Al investigar sus redes y ver el trabajo directo con niños y adolescentes, sentí que era el lugar perfecto para salir de la teoría y entrar en la acción, utilizando el mar como herramienta para lograr cambios tanto en los demás como en mí misma", cuenta la estudiante zaragozana. Así, su "aventura" en SoloSurf comenzó en octubre del año pasado, y recuerda que en cuanto supo que esta organización estaba en la lista de proyectos de voluntariado "lo tuve claro y no me lo pensé dos veces". A estas alturas del curso, ya le quedan pocos días de disfrute de SoloSurf porque su compromiso acaba el próximo día 31, pero asegura que hasta el último momento estará "dando el máximo" y, si se quedase en Cádiz el próximo curso, porque reconoce que aún no lo sabe, le gustaría continuar en SoloSurf el curso que viene.
Su rol en SoloSurf, dice, "es bastante dinámico y va por fases: en la arena, dirijo los calentamientos previos y diseño circuitos de habilidad para activar la coordinación y además ayudo a los usuarios a mecanizar la posición de surf sobre la arena para que ganen confianza". Luego, en el agua, "realizo el apoyo directo durante la actividad, garantizando su seguridad y motivándolos en cada ola; y, sobre todo, me encargo de realizar un acompañamiento durante todo el proceso".
La actividad de SoloSurf le parece "esencial, donde cada pequeño gesto, refuerzo y acción cuenta; no es una terapia convencional encerrada entre cuatro paredes; realizamos una actividad lúdica, interactiva y muy amena que logra que tanto los monitores como los usuarios aprendamos en un entorno de igualdad, donde hacemos del juego y el agua el vehículo principal para la mejora física y emocional". Por eso, añade, "siento que lo que hago aporta y hace que la asociación siga ayudando y funcionando".
Algo que Marina destaca es "la energía que se respira al llegar a la playa, como si el cuerpo se liberase y desconectara para conectar con algo más grande, algo de lo que formas parte, un esfuerzo comunitario que semilla a semilla, persona a persona, año a año y mejora tras mejora realmente transforma las vidas de todos y cada uno de los que, como yo, tienen la oportunidad de sumergirse en esta asociación". Por este motivo, para Marina SoloSurf "no es simplemente una actividad más, sino una verdadera experiencia y oportunidad para ver cómo el surf ayuda a normalizar la vida de personas con diversidad funcional: les aporta rutinas saludables y momentos de desconexión vitales; es una experiencia enriquecedora que, curiosamente, acaba siendo tan relajante y rica para ellos como para nosotros". En consecuencia, "SoloSurf significa equipo, humanidad y deporte, con un funcionamiento cuidado al detalle donde cada engranaje encaja a la perfección para hacer que un mecanismo de esta envergadura funcione como es debido".
En cuanto a la opinión que le merece el personal que forma parte de SoloSurf, señala que "son, o somos, porque yo ya me siento parte de este personal, un pilar fundamental donde todos nos apoyamos los unos en los otros y gracias a los sólidos cimientos que tenemos logramos llevar a cabo nuestra función", y destaca sobre todo aspectos como la profesionalidad, la capacidad de organización y coordinación, y, lo que más valora, "su templanza y adaptabilidad, saber mantener la calma y la seguridad en situaciones complejas, que es algo que he aprendido de ellos por imitación". En definitiva, apostilla, "son una pequeña gran familia que te recibe con risas y te guía para que nunca te sientas perdido".
Como ya ha dejado ver más arriba, Marina "sin dudarlo", repetiría experiencia: "Se crea un vínculo emocional muy fuerte con cada detalle y con cada persona, aunque sólo compartas con ellos una sesión; es de esas experiencias que no se quedan en la playa, sino que te las llevas a casa, se las cuentas a tu familia y se quedan grabadas en tu ADN de por vida".
Como futura maestra, cree que SoloSurf le ha aportado varias cosas: "Me ha enseñado el verdadero significado de las palabras ayudar, guiar y acompañar, y además, asegura que le ha dado "herramientas prácticas para empatizar, escuchar de forma activa y atender necesidades específicas de salud y bienestar de una manera humana, algo que los libros de texto no siempre logran transmitir". En cuanto al apartado humano, como persona, cree que SoloSurf le ha aportado "valentía y control emocional; he aprendido que empatizar no significa sufrir con el otro, sino entender su realidad para serle útil; y me ha ayudado a gestionar mis propias reacciones y a darme cuenta de que soy capaz de afrontar situaciones difíciles con serenidad; también me ha hecho ver mejor que nunca que cada persona somos un mundo y que para ayudar a crecer hay que intentar comprender el mundo ajeno y sus herramientas para gestionarlo, sólo así lograremos desarrollar las nuestras, porque muchas veces nos pensamos que todos gestionamos, resolvemos y nos regulamos igual pero nada más lejos de la realidad y SoloSurf te ayuda a abrir tu mente, erradicar prejuicios y sentir que puedes formar parte de algo más grande".
Tampoco duda Marina Calero a la hora de recomendar la actividad a otros compañeros, "porque es una cura de realidad; te ayuda a salir de tu burbuja, a desarrollar inteligencia emocional y a mejorar tu condición física. Y ver cómo un usuario puede llegar a convertirse en monitor profesional te demuestra que las barreras a menudo sólo están en nuestra mirada".
De todo, lo que más destacaría es "la magia del surf como terapia: es fascinante cómo el contacto con la naturaleza y el desafío físico pueden colaborar de forma tan positiva en la vida de alguien; el surf aquí no es un fin, es un medio para hacer a las personas más fuertes, seguras, autónomas y felices".
Y en cuanto a las sensaciones que se lleva de esa experiencia, señala que es "una mezcla de emociones intensas: me llevo una satisfacción profunda por saber que mi tiempo ha tenido un propósito real; he ganado resiliencia, gracias a aquellos momentos de frustración que me han enseñado a cómo gestionar tanto mis emociones como las de los demás; me llevo también un sentimiento de alegría compartida enorme, risas genuinas tanto con los alumnos como con los monitores... En definitiva, no es una experiencia más, sino una oportunidad para mejorar un poquito la vida de las personas gracias el entorno que tenemos tan cerca y que a veces pasa desapercibido o no se le da la importancia que merece", concluye.


















