Teresa Naranjo, abogada de profesión, es madre de cuatro hijos: Ismael, de 8 años; Dariel de 6; y dos mellizas de 5 años. Tanto Ismael como Dariel son usuarios de SoloSurf y aunque en la actualidad ninguno de los dos cuenta con un diagnóstico definitivo, a lo largo de su etapa educativa ambos han sido derivados para distintas valoraciones, según explica su madre, ya que algunos profesionales apreciaban determinadas necesidades de apoyo, mientras que otros consideraban que su desarrollo entraba dentro de la normalidad. Y esta disparidad de criterios ha sido la causa de que, hasta el momento, no exista un diagnóstico concluyente. Ella sin embargo asegura que, como madre, sí ha podido comprobar que ambos se benefician claramente cuando reciben un acompañamiento adaptado a sus necesidades, y añade que con el apoyo adecuado muestran una evolución muy positiva, tanto en su aprendizaje como en su desarrollo personal. Por este motivo, tanto ella como su marido, Ismael, han procurado buscar aquellos recursos que puedan ayudarles a alcanzar su máximo potencial, independientemente de que exista o no una etiqueta diagnóstica. Pero antes de SoloSurf y a causa de su residencia en Las Palmas de Gran Canaria, los dos pequeños estuvieron vinculados a la Asociación Mi Hijo y Yo, entidad que mantiene un fuerte vínculo con la asociación gaditana.
Antes residíais en Las Palmas de Gran Canaria. ¿Qué os trajo hasta Cádiz?
En realidad, tanto mi marido como yo somos andaluces. Él es natural de Jerez de la Frontera y yo de San Fernando. Nuestra residencia en Las Palmas de Gran Canaria se debió exclusivamente a un destino militar de mi marido. Una vez finalizó esa etapa profesional, decidimos regresar a nuestra tierra y establecernos definitivamente en la provincia de Cádiz, donde se encuentran nuestras raíces y nuestro entorno familiar.
¿Estáis en Cádiz de forma estable o estáis supeditados a movilidad geográfica?
Nuestra intención es permanecer en Cádiz de forma estable. Después de varios cambios de residencia entendimos que, especialmente por el bienestar de nuestros hijos, era importante ofrecerles un entorno estable que favoreciera su desarrollo personal, educativo y social. Aunque la profesión de mi marido pueda implicar futuras oportunidades o destinos en otras localidades, nuestra decisión como familia es mantener la residencia en Cádiz. Si en algún momento surgiera una nueva movilidad laboral, sería el adulto quien asumiría ese desplazamiento, procurando que los niños mantengan la estabilidad que consideramos tan importante para ellos.
En Las Palmas teníais relación con la Asociación Mi Hijo y Yo. ¿Cómo eran y cómo son esas relaciones? ¿Qué destacarías y de qué manera os sentíais beneficiados, tanto vosotros como padres como vuestros hijos?
Sí. Cuando nos trasladamos a Las Palmas, Dariel acusó especialmente el cambio. Éramos conscientes de que un traslado podía afectar a cualquiera de nuestros hijos, pero en su caso observamos un retroceso importante en su bienestar emocional. Se mostraba mucho más retraído, hablaba menos y dejó de ser el niño alegre que conocíamos. Fue una etapa muy difícil para toda la familia. Con el tiempo comprendimos que la adaptación escolar tampoco estaba siendo sencilla y eso incrementó nuestra preocupación. Como padres sentíamos que necesitábamos apoyo para entender qué estaba ocurriendo y cómo podíamos ayudar a nuestro hijo de la mejor manera posible. Fue entonces cuando conocimos la Asociación Mi Hijo y Yo. Entramos a formar parte de ella en enero y supuso un antes y un después para nuestra familia. Más allá de cualquier avance concreto, lo más importante fue volver a ver a Dariel feliz. Recuperó la sonrisa, las ganas de participar y la ilusión. Para nosotros, ese cambio tuvo un valor incalculable. La asociación trabajó directamente con Dariel y, durante un tiempo, también acompañó a una de nuestras hijas pequeñas. Pero, además, nos sostuvo como familia. Nos sentimos escuchados, comprendidos y acompañados en un momento en el que, como ocurre con muchas familias de niños con necesidades específicas de apoyo, a menudo sientes que eres constantemente juzgado o cuestionado. Encontrarnos con profesionales que nos recibieron sin prejuicios, con empatía y cercanía, fue un auténtico alivio. Siempre estaremos profundamente agradecidos a la Asociación Mi Hijo y Yo por todo lo que hicieron por nosotros. Nos ayudaron a recuperar la tranquilidad y, sobre todo, a volver a ver a nuestro hijo disfrutar de su infancia.
¿Desde cuándo conocéis SoloSurf? ¿Cómo obtuvisteis referencia de esta asociación?
Conocimos SoloSurf cuando ya sabíamos que nuestro regreso a Cádiz era inminente. Una de nuestras mayores preocupaciones era encontrar aquí un recurso que ofreciera un acompañamiento tan humano y de tanta calidad como el que habíamos recibido en Las Palmas. Precisamente fueron las profesionales de la Asociación Mi Hijo y Yo quienes nos hablaron de SoloSurf y nos animaron a conocer su trabajo. Esa recomendación tenía un enorme valor para nosotros, porque procedía de personas en las que confiábamos plenamente y que conocían de primera mano la realidad de nuestra familia. Además, una de mis mejores amigas había colaborado como voluntaria en SoloSurf y siempre me había hablado maravillas de la asociación, tanto de su equipo humano como de la forma en la que trabajan con las familias. Por todo ello, cuando tuvimos la oportunidad de incorporarnos al proyecto sentimos una enorme alegría. Llegábamos con muchas expectativas y con la esperanza de volver a encontrar ese acompañamiento tan necesario para nuestros hijos y para nosotros como familia.
¿Habías oído hablar de SoloSurf con anterioridad?
No. La primera vez que oímos hablar de SoloSurf fue precisamente a través de la Asociación Mi Hijo y Yo, en Las Palmas de Gran Canaria. Nos recomendaron SoloSurf, transmitiéndonos una excelente valoración tanto del equipo humano como de la filosofía de trabajo de la asociación.
¿Desde cuándo estáis vinculados a SoloSurf?
Regresamos a Cádiz durante el último trimestre del curso escolar 2024-2025. Al principio, la adaptación fue mucho más sencilla de lo que había sido nuestro traslado a Canarias. Al fin y al cabo, volvíamos a casa, donde nos esperaban nuestra familia, nuestros amigos y un entorno que nuestros hijos conocían perfectamente porque siempre habíamos pasado aquí las vacaciones. Sin embargo, al comenzar el curso 2025-2026 empezamos a detectar nuevamente algunas dificultades, especialmente en Dariel. Observamos que volvía a mostrar señales de malestar y cierto retroceso en su bienestar emocional. Paralelamente, Ismael también presentaba necesidades que requerían un acompañamiento específico. Cada uno vivió una realidad escolar muy distinta. Ismael tuvo la suerte de contar con un profesorado extraordinario, que supo comprender sus necesidades y adaptar su forma de enseñar incluso sin existir un diagnóstico formal. Para nosotros, esa actitud representa lo que debería ser la educación: atender a cada niño según sus necesidades reales, sin esperar necesariamente a que exista una etiqueta diagnóstica para empezar a ayudar. En cambio, la experiencia de Dariel fue muy diferente. La adaptación no resultó tan positiva y volvimos a percibir que necesitaba apoyos que, en ese momento, no estaba recibiendo. Durante todo ese curso estuvimos solicitando nuevas valoraciones y manteniendo contacto con los servicios de orientación educativa, pero el proceso avanzaba con mucha lentitud. Como ocurre en muchas familias, sentíamos que los tiempos administrativos no siempre coinciden con las necesidades reales de los niños, y mientras tanto eran ellos quienes seguían afrontando sus dificultades día a día. Fue entonces cuando recordamos la recomendación que nos había hecho la Asociación Mi Hijo y Yo. Nos pusimos de nuevo en contacto con ellas y les explicamos la situación que estábamos viviendo. Sin dudarlo, volvieron a orientarnos y nos animaron a contactar con SoloSurf. Así comenzó nuestra vinculación con la asociación. Llegamos buscando ayuda para nuestros hijos, pero también buscando un lugar donde sentirnos comprendidos y acompañados como familia, igual que nos había ocurrido en Canarias.
¿Y cómo comenzó todo en SoloSurf?
Pues todo comenzó en pasado mes de mayo. Después de contactar con la asociación y conocer de primera mano su forma de trabajar, Dariel empezó a participar en el programa de surf en piscina. Desde el primer día nos sentimos muy bien acogidos. El equipo se preocupó por conocer a Dariel, comprender sus necesidades y hacer que la incorporación fuera progresiva y respetuosa con sus tiempos. Esa forma de trabajar nos transmitió mucha tranquilidad desde el principio.
¿En qué programas concretamente participan vuestros hijos?
Dariel participa en el programa de surf en piscina, al que asiste semanalmente. Más recientemente, Ismael también se ha incorporado a SoloSurf, participando en las actividades de surf en la playa durante el verano junto a su hermano.
En el tiempo transcurrido hasta ahora, ¿qué valoración hacéis de los programas de SoloSurf y de su actividad surf-terapéutica?
Nuestra valoración es extraordinariamente positiva. Para nuestros hijos no se trata únicamente de practicar una actividad deportiva que les gusta. Lo realmente importante es la forma en la que esa actividad está planteada. Cada sesión está adaptada a las características y necesidades de cada niño, respetando sus tiempos, su forma de aprender y de relacionarse con el entorno. Ese enfoque marca una diferencia enorme. Muchas veces los niños con necesidades específicas encuentran actividades en las que deben adaptarse ellos al sistema. En SoloSurf ocurre justamente lo contrario: es la actividad la que se adapta al niño. Esa filosofía consigue que disfruten, aprendan y, sobre todo, que se sientan capaces. Como padres, esa diferencia tiene un valor inmenso.
¿Qué os expresan vuestros hijos acerca de su actividad en SoloSurf?
La ilusión de Dariel comenzó incluso antes de asistir a su primera sesión. Desde que le explicamos en qué consistía la actividad y le enseñamos fotografías y vídeos, esperaba con muchísimas ganas el momento de empezar. Soñaba con aprender a surfear y hablaba continuamente de ello. Con Ismael ocurrió algo parecido, aunque de una forma diferente. Primero vio cómo disfrutaba su hermano y, cuando surgió la posibilidad de que él también participara, aceptó con curiosidad. Bastó una única sesión para que llegara a casa diciendo: "Mamá, por favor, yo no quiero dejar de venir". Para nosotros, escuchar eso ya dice mucho de lo que significa SoloSurf para ellos. Pero, además, como padres, hay algo que nos emociona especialmente. Nuestros hijos nos hablan constantemente del cariño con el que los tratan, de cómo les explican las cosas y de que, incluso cuando se equivocan, siempre reciben una palabra amable y de ánimo. Saber que tus hijos se sienten respetados, comprendidos y queridos hace que los dejes allí con absoluta tranquilidad.
Si tuvieras que destacar algún aspecto concreto de SoloSurf como organización, ¿cuál sería?
Si tuviera que resumir SoloSurf en una sola palabra, sería humanidad. Más allá del surf o de cualquier actividad concreta, lo que realmente diferencia a la asociación es la calidad humana de las personas que la forman. Desde el primer contacto sentimos que no éramos un número más ni una familia más. Se interesan de verdad por cada niño, escuchan a las familias y generan un ambiente de confianza que resulta muy difícil de encontrar. Esa cercanía hace que tanto los niños como los padres sintamos que formamos parte de un proyecto en el que cada persona importa.
¿Y en relación con las terapias?
Lo que más valoramos es que las terapias parten siempre de la persona y no del diagnóstico. No buscan que todos los niños respondan igual ni alcanzar un único objetivo. Adaptan cada intervención a las necesidades concretas de cada uno, respetando sus ritmos y potenciando sus capacidades. Esa manera de trabajar favorece no solo el aprendizaje, sino también la autoestima, la seguridad y la confianza en sí mismos. Creemos que ese enfoque es una de las grandes fortalezas de SoloSurf.
¿Qué esperáis de SoloSurf en un futuro cercano?
Nuestro deseo es que nuestros hijos puedan seguir creciendo junto a la asociación. Esperamos que este acompañamiento continúe ayudándoles a desarrollar herramientas para desenvolverse cada vez mejor en su día a día, fortaleciendo su autonomía, su confianza y sus relaciones con los demás. Pero, por encima de todo, esperamos que sigan siendo felices. Porque cuando un niño se siente comprendido, respetado y disfruta de lo que hace, todo lo demás acaba llegando. Como padres, no podemos pedir mucho más que eso.



















