"Me llegó un correo electrónico informativo donde se detallaban las diferentes ofertas de voluntariado disponibles y en cuanto vi el anuncio de SoloSurf supe que era el lugar donde quería colaborar por su innovador enfoque terapéutico", cuenta la joven universitaria.
Según afirma, lo que más le atrajo de la oferta de voluntariado en SoloSurf fue "la combinación perfecta de dos de mis grandes pasiones: el deporte y el trabajo con niños; además, yo en ese momento estaba empezando a aprender a surfear, por lo que sentí una conexión inmediata con la actividad". Como consecuencia, en octubre pasado aterrizó en SoloSurf, con el compromiso adquirido de seguir desarrollando su voluntariado hasta finales de mayo.
A Carla le resulta "fascinante" la manera en que se utiliza el medio acuático "como una herramienta terapéutica para ayudar a niños con autismo, uniendo la actividad física con el bienestar emocional". Su rol de ayudante de monitora en las sesiones de piscina consiste, como ella misma explica, en el acompañamiento directo en el agua de un cliente muy concreto de unos seis años de edad: "Durante las sesiones me encargo de estar siempre con él, proporcionándole seguridad y siguiendo estrictamente las indicaciones de la monitora principal para que los ejercicios y la terapia sean efectivos".
Así, con su experiencia en los programas de surf-terapia, opina que se trata de "una actividad de un valor incalculable; aunque trabajamos en la piscina, la metodología de SoloSurf adapta los beneficios del surf a un entorno controlado, lo que es ideal para trabajar la psicomotricidad y la confianza; es increíble ver cómo el agua se convierte en un canal de comunicación y desarrollo para niños con trastornos del espectro autista".
Por tanto, su valoración de los programas que SoloSurf desarrolla y en los que ella participa es "sumamente positiva", bajo la consideración de que se trata de "una actividad muy necesaria y perfectamente estructurada; el hecho de trabajar en la piscina permite una atención muy focalizada en los movimientos y en la relajación del niño; es una labor que requiere paciencia y constancia, pero los resultados que se perciben en la evolución del niño merecen totalmente la pena".
Y como es de suponer, su opinión sobre SoloSurf tampoco queda atrás, y la califica de "excelente", considerando que se trata de una entidad "con una sensibilidad especial y un nivel de profesionalidad muy alto; saben adaptar el entorno, ya sea piscina o playa, a las necesidades especificas de cada niño consiguiendo crear un ambiente inclusivo y seguro". En cuanto al personal de la asociación, señala que "es, sin duda, uno de los grandes pilares: los monitores demuestran una vocación y una empata admirables; en mi caso, trabajar bajo las indicaciones de mi monitora en la piscina está siendo una formación continua; siempre están dispuestos a guiarte para que el niño reciba la mejor atención posible y se sienta cómodo en cada ejercicio".
Todo ello lleva a Carla a afirmar que, "sin ninguna duda, repetiría" la experiencia porque "te llena por completo; el vínculo que creas con el niño y ver cómo va ganando soltura en el agua de la piscina es algo que te motiva a querer seguir formando parte de este proyecto en el futuro". Además, señala que, como estudiante de la UCA, el voluntariado en SoloSurf le aporta "una visión práctica fundamental sobre la atención a la diversidad; me enseña sobre la importancia de la adaptación de actividades físicas para personas con necesidades especiales y cómo trabajar en equipo siguiendo una metodología profesional". Por lo tanto, es un voluntariado que recomendaría "totalmente" a cualquier persona "que quiera aprender sobre el trato con niños y sobre cómo el agua puede ser una herramienta de ayuda increíble; es una oportunidad única para crecer y ver la realidad desde otra perspectiva".
En cuanto a lo que el voluntariado en SoloSurf le aporta en lo personal, la universitaria puertorrealeña habla de "humildad, paciencia y una gran satisfacción; me ha enseñado a valorar los pequeños logros y a entender que cada niño tiene su propio ritmo; cada lunes, después de la sesión, salgo con la sensación de haber contribuido al bienestar del chico con el que trabajo, y eso es muy gratificante". Y cuando acabe su voluntariado, dice estar segura de que se llevará "una sensación de gratitud inmensa y mucha paz; me iré con el aprendizaje vital de que, con paciencia y apoyo, no hay barreras imposible de superar".

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