viernes, 26 de julio de 2019

'Otra imagen del verano de Cádiz'


El verano en la ciudad de Cádiz propone tal número de imágenes para fijarlas en la retina y llevarlas en la mochila de los recuedos que, las más de las veces, no resulta fácil saber con cuál quedarse. La salvaje apariencia de la Playa de La Cortadura desde el Ventorrillo de El Chato hasta Torregorda con su fascinante cordón dunar, los atardeceres repartiendo magentas en sus mil variantes en el cielo desde cualquier punto con vista al horizonte -aunque especialmente bellos desde Santa María del Mar-, La Caleta en 360 grados con un complejo de estampas a cuál más cautivadora... Y así se podría continuar una lista sin salir apenas de sus playas que, por fortuna para la gente de Cádiz y la que no lo es pero se hace gaditana desde su primera visita, luego tiene paragón numérico tierra adentro, es decir, en la misma ciudad con o sin el mar como protagonista pero al margen de su litoral.


Cierto, no hace falta salir de sus playas para llevarse alguna imagen maravillosa de Cádiz y de su modus vivendi, de su día a día, de sus costumbres más castizas, imágenes que se repiten un año tras otro y conforman el álbum del verano de Cádiz.


Y desde hace más de un cuarto de siglo, la imagen de los surferos también ha ido convirtiéndose en otra de las estampas de Cádiz, de sus playas y de sus veranos. 


En los últimos años, yendo a más, Santa María del Mar, por ejemplo, ha experimentado un boom que parecía impensable cuando los primeros jóvenes amantes de coger olas con sus tablas bajaban hasta La Victoria o Cortadura. 


Hoy, los días buenos de olas, no ya del verano sino de todo el año, Cortadura y, sobre todo, Santa María del Mar, son todo un espectáculo de gente de todas las edades metidos en sus trajes de neopreno y sobre sus tablas esperando la ola perfecta. 


Incluso, el entorno de estas dos playas gaditanas respiran un ambiente surfero tal hasta el punto de haberse convertido en lugares de referencia para la práctica de este deporte. Y que llegan de todos lados, oigan. Y todo el año.


Una nueva imagen

Pero de unos años a esta parte, otra imagen ha ido tomando el carisma que se precisa para formar parte del álbum del verano gaditano. Se trata de una imagen que se repite un año tras otro en la playa a la altura de la Residencia Militar de La Cortadura. La culpa la tiene la Asociación SoloSurf. Y quienes tienen la costumbre de andar por la orilla desde cualquier punto de Cádiz en dirección a El Chato, por ejemplo, lo saben. Es la imagen de un grupo de personas de todas las edades alrededor de unos chicos y chicas con diversidad funcional que también quieren practicar el surf.

Y se ha hecho habitual ver la imagen de salir desde el módulo de aseos de Cortadura una fila de personas cogidas de la mano caminando hacia la orilla. Y se ha hecho habitual ver la imagen de grupos haciendo la rueda y jugando en la arena todos juntos. Y se ha hecho habitual la imagen de jóvenes empujando las tablas sobre las olas y animando a quienes van arriba intentando mantener el equilibrio en esos primeros pasos necesarios que hay que aprender para practicar surf.

Sin lugar a dudas, la imagen de SoloSurf impartiendo sus clases de surf a modo de terapia acuática a niños con autismo, con síndrome de down, con síndrome de asperger y otras patologías que precisan de una atención en todos los órdenes de la vida, se ha convertido con el paso de los años en una de las imágenes más hermosas y emblemáticas de la playa de La Cortadura. Y no se trata de un espectáculo, pero observar el rostro de ilusión y de felicidad en personas con patologías complejas que logran llegar a la orilla sobre su tabla sin caerse al agua, resulta verdaderamente espectacular.

Juan Manuel Romero Bey
Responsable del Gabinete de Comunicación de SoloSurf

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